Perderse

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“En los extravíos 

nos esperan hallazgos, 

porque es preciso perderse 

para volver a encontrarse”. 

(Encontrarse, Eduardo Galeano)

 

 

Cada vez es más difícil perderse. Y eso, aunque parezca lo contrario, no es un alivio. Transitar siempre por un camino bien señalizado nos priva de la sorpresa, de lo inesperado, de la emoción más primitiva, aquella que nos provoca el miedo, y la esperanza, a lo desconocido.

La vida nos espera fuera de ruta. Los carteles, los mapas, el GPS, las marcas de pintura, las piedras amontonadas, las flechas, el navegador, las señales… son trampas para la libertad. Al corazón no le gustan los senderos marcados. Y, para nuestra desgracia, todos los mensajes que recibimos, todas las instrucciones que nos dan, insisten en la necesidad de no salirse del camino, de no abandonar esa vía que conduce con absoluta seguridad a… ¿a dónde conduce?

¿Cuándo fue la última vez que te perdiste?

 

De Piedra

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piedras

 

 

Salvajes las piedras, entre brutalidad creada
inmensas, rocosas, quietas, paradas
sujetando montes, separando ríos,
siendo de la Tierra, sus entrañas.

Cómo tú, que de piedra estás hecho
bruto como la roca, parco como la peña
que deslizas tu lengua de espada
afilado cuchillo en el guijarro afilado.

Desde tu atalaya lanzas
porque libre de pecado te crees,
tu metralla de palabras
hiriendo a inocentes y a inocentes.

Tus voces que son balas
directas a matar corazones de carne.

Pero tú, de piedra.
Condenado a estar quieto
eterno en el mismo sitio.
Mientras matas a la gente
sin poder, aunque queriendo
morirte en la ansiada libertad
a la que tantos disparos lanzas
sin suicidio que te salve.
Sin erosión que te alivie.
Sin viento que te calme.

Vivo y quieto para siempre.
Si es que eso es vida.
De piedra.

 

http://asidonia.wordpress.com

 

La bolsa de patatas

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Una de mis profesoras nos hizo llevar una bolsa de plástico transparente y una bolsa de patatas. Por cada persona que nos rehusábamos a perdonar, debíamos elegir una patata, escribir en ella el nombre y fecha y ponerla en la bolsa de plástico. Algunas de nuestras bolsas, como podrán imaginar, eran bastante pesadas.

Nos dijeron que lleváramos con nosotros a todos lados esta bolsa durante una semana, poniéndola al lado de nuestra cama de noche, en el asiento del coche cuando manejáramos,y al lado del escritorio en el trabajo.

La molestia de cargar esto con nosotros nos mostraba claramente el peso espiritual que llevábamos; teníamos que prestarle atención todo el tiempo para no olvidarla y llevarla en lugares donde resultaba embarazosa.

Naturalmente, la condición de las patatas se deterioraba empezando a dar un hediondo olor. ¡Ésta fue la gran metáfora del precio que pagamos por mantener nuestra pena y pesada negatividad!

Demasiado a menudo pensamos que el perdón es un regalo hecho hacia otra persona, y aunque eso es verdad, también es un regalo que nos hacemos a nosotros mismos.