Nadie puede herirte sin tu consentimiento

Estándar

Si traes el pasado al presente una y otra vez, será imposible habitar este preciso momento libre de juicios, proyecciones e interpretaciones. Si traes el pasado al presente, (y puede que ese pasado sea muy antiguo, o sea muy inconsciente, pero es siempre pura creencia, aceptada y incluída en tu ADN) estás viviendo en la herida de “siempre” como la víctima y, claro está, también como  perpetrador.

Ninguna víctima es inocente. Ningún perpetrador es malvado. Realmente la herida no existe. Pero si te “conviene” seguir amparándote en ella porque no quieres aceptar tu responsabilidad, aquí y ahora, seguirás enredado en una serie de acciones arrogantes como el hecho de perdonar al “malo”, de sentirte herido, de autojustificarte e interpretar lo que paso, como fue, etc. Seguirás enredado en el antiguo juego, cambiando solo de escenario, una y otra vez.

No hay allí afuera. Nada de lo que ves existe, es todo creación tuya. La herida es creación tuya. Los actores y todo lo demás, también lo son. Tú repartes los papeles, escribes el guión y lo cambias a tu gusto, lo interpretas y lo reinterpretas. Tú decides siempre. Siempre ha sido así. Si persistes en la idea de ser  víctima de tu herida, siempre es así. Es ella quien dirige tu no-vida.

Aceptar la responsabilidad total por la vida de uno mismo, supone entrar en la herida esencial a fondo, sólo y en silencio. Esto es la meditación verdadera. Sin interpretaciones y sin juicios. Sin proyecciones y sin creencias. Sin nadie que te acompañe. Porque todo lo que te está sucendiendo hoy, sea lo que sea, eres tú quien lo ha creado. Y el hecho de ser tú el creador te otorga  el máximo poder y también la oportunidad única de dejar de poner marchamos y carteles a todos los que te rodean para que se cumpla la herida según tu conveniencia en cada momento. Tienes la opción de salir de la película que estás proyectando y entrar en la nada, saltar al vacío, finalmente.

Si dejas de crear mitos y de idealizar, dejarás de tener la tarea de bajarlos del pedastal. Mitificaste algo o a alguien con la esperanza de que te rescatara de tu dolor, pero también con la esperanza de poder un día bajarlo del pedestal si no lo hacía. Es parte del antiguo juego de la herida. Primero lo subes con la esperanza de bajarlo algún día sea a través de la venganza o de la comprensión profunda. Luego, un día lo bajas, porque te hiere, te decepciona tal persona, hecho, situación, idea, religión, trabajo… lo que sea. Siempre es igual. Es lo de siempre. Y vuelta a empezar. Te lleva años sucediendo. Puede ser que hasta milenios. Y te va a seguir sucediendo hasta que decidas entrar en el silencio de la meditación, en el dolor de tu herida “a pelo” y, de verdad, atravesarla.

Cuando lo hagas, dejarás de hablar de ello, dejarás de interpretar la vida y siemplemente vivirás, sin guión, sin pelicúla, sin proyección. Todas las palabras serán vacías e inútiles finalmente. No necesitaras explicarte y contraexplicarte de cara a tí mismo o a los demás. Estarás vivo. Pero hoy no sabes qué es estar vivo. No lo sabes aún. Te estás perdiendo ese goce infinito también hoy, aunque lleva milenios esperándote. Entonces te das cuenta del juego y simplemente te ríes de tu película, de tu pesadilla auto-creada.

Y entonces, sólo entonces, ese día en que atravieses la herida en soledad y silencio, podrás disfrutar de la sencilla gloria de estar Vivo en el Presente, sin necesidad de bendecir ni maledecir, sin proyectar ni opinar, sin esperar ni evitar, sin castigar y perdonar, sin ser esclavo de la herida ni juez de todo lo que te rodean. Ese día te convertirás en una flecha de fuego actuando en el momento presente y dando siempre en el centro de la rueda, con la penetración que tiene la verdadera consciencia, que habita más allá del juicio y la proyección en la pura acción sin acción. En la pura acción amorosa de hacerse en cada momento simplemente parte del momento, tal y como sea.

El silencio y la soledad nutriente es la llave que abre todas las cerraduras y que sana todas las heridas. Entra en la meditación para salir de la herida y trascenderla. Es un viaje que merece la pena. Es un viaje que puedes elegir o no hacer. Da igual qué o quien hayas colocado al otro lado con el papel de “culpable”, tu parte del viaje sólo depende de Ti.

 

Desconozco el autor…

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